Jueves 24/08/2017. Actualizado 11:40h

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Crónica de Roma

Los 30 días del papa Francisco

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Aún están frescos en la memoria los acontecimientos de hace tan sólo un mes. La espera en la plaza de San Pedro, las miradas hacia la chimenea y el humo. Finalmente blanco.

Treinta días desde el famoso "buona sera" con el que Bergoglio se presentó al mundo. Tan sólo ha pasado un mes pero el ritmo de noticias sobre la actividad del nuevo Papa hace que parezca mucho más tiempo. Atrás quedaron las quinielas equivocadas que ponían a Scola, Scherer o Ouellet. Los vaticanistas habíamos descartado demasiado fácilmente al arzobispo de Buenos Aires. Pensábamos que al haber presentado en 2011 su renuncia al cumplir 75 años, Bergoglio quedaba por así decirlo, "fuera de juego". Y nada más lejos de la realidad. El segundo candidato en el cónclave de 2005 fue el primero en las votaciones de 2013. Un valor seguro. Un hombre de experiencia, autoridad y reputación inigualables que aunaba las principales expectativas de las distintas facciones del colegio de cardenales.

Lo que ocurre en el interior de la Capilla Sixtina sólo lo saben los cardenales y los frescos de Miguel Ángel que representan el Juicio Final. Recuerdan de manera sutil a los príncipes de la Iglesia que en esa votación ponen en juego su alma y el futuro de la Iglesia. Nada debería saberse, sin embargo las voces indiscretas siempre se filtran. Igual que del cónclave que eligió a Benedicto XVI se supo que el cardenal Bergoglio pidió que no se le votara a él sino a Ratzinger en este cónclave ha trascendido la unanimidad en la elección. Unos 100 votos de 115 cardenales electores fue el recuento final de Bergoglio, frente a Scola y Scherer que cedieron parte de los suyos al recién elegido Papa.

Entrar por unos segundos en el silencio sepulcral de la Sixtina, en donde se escuchan la escritura de los cardenales. Sólo el ruido de las plumas que escriben el nombre de quien cada uno de ellos considera el mejor candidato para guiar la Barca de Pedro. Después tres cardenales elegidos al azar contaban uno a unos los votos que han ido depositando. Alcanzar los 50. Escuchar el nombre de Bergoglio. Pasar los 70 votos y seguir escuchando el nombre del arzobispo de Buenos Aires. Hasta llegar a los 76. Falta tan sólo uno más y la suerte estará echada. Georgium cardinalem Bergoglio. 77. Y un cerrado aplauso rompió el silencio de la elección. La Iglesia ya tiene nuevo Papa. Alguno de los cardenales respiró aliviado, Pedro ya tenía sucesor y no era él el elegido en una votación que ninguno quiere ganar.

"Señor, ayúdame. Que no se haga mi voluntad si no la tuya". Nadie sabe qué pasó por la cabeza de Francisco pero muy probablemente algo similar a esto. En un huerto de los Olivos particular, el nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio pasó a la sala de las lágrimas donde se vistió por primera vez de blanco. Dejando la sotana negra que llevaba desde el día de su ordenación.

Las ventanas del balcón de las bendiciones de San Pedro se abrieron, una pequeña figura blanca aparece y contrasta con la enorme estructura de la basílica. Una irónica comparación entre el hombre y sus fuerzas y la misión encomendada que apenas acababa de aceptar. Sonriente y abrumado Jorge Mario Bergolio se asomó y pronunció el ya famoso: "Fratelli e sorelle. Buona sera". Así comenzó un pontificado.

@blancaruizanton

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