Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

No a la comunión en la mano

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El arzobispo de Bolonia, cardenal Carlo Caffarra, ha decidido prohibir la comunión en la mano en tres iglesias de su jurisdicción, y ha pedido a los sacerdotes mucha cautela para evitar que se sigan cometiendo abusos contra la Eucaristía.

Si bien es verdad que desde 1989 existe una resolución de la Conferencia Episcopal Italiana que autoriza, con la aprobación de la Santa Sede, la distribución de la Sagrada Comunión en la mano, los abusos de los últimos tiempos han llevado al arzobispo de Bolonia a tomar una decisión valiente: a partir de ahora, en la Catedral de San Pedro, la Basílica de San Petronio y el Santuario de la Virgen de San Lucas, la comunión se distribuirá únicamente en la boca.

El pro-vicario general de Bolonia, Mons. Gabriele Cavina, ha aludido a algunos de esos “graves abusos": hay quienes se llevan las Sagradas Especies como si fueran “souvenirs", o quienes las venden, o peor aún, quienes las usan para profanarlas en ritos satánicos.

El purpurado lamenta que se hayan repetido casos de profanación de la Eucaristía aprovechando la posibilidad de recibirla en la mano, sobre todo, pero no exclusivamente, en las grandes celebraciones o en las grandes Iglesias que son lugares de paso para numerosos fieles.

Para tratar de atajar todo tipo de abusos con el Santísimo Sacramento, el cardenal Caffarra ha pedido que los que asistan al celebrante, “estén atentos para que, en la medida de lo posible, cada fiel, después de haber recibido el Pan consagrado, lo consuma de inmediato ante el ministro y no se lo lleve de allí, o se lo meta en un bolsillo o en una bolsa, o en cualquier otro lugar, ni caiga al suelo y sea pisado”.

Estas disposiciones no se aplican a las parroquias boloñesas, porque normalmente el párroco conoce a la mayoría de los fieles y sabe cuál es su actitud en el momento de comulgar.

Sin duda, la medida del cardenal Caffarra bien se podría estudiar en tantos otros lugares. Lo que está en juego es tratar de evitar más atropellos contra el sacramento de la Eucaristía.

 

Por Alfonso Bailly-Bailliére (Roma)