Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El cardenal Schoenborn acusa al cardenal Sodano

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No han sentado nada bien en la Curia Romana los comentarios del cardenal arzobispo de Viena, Christoph Schoenborn, recogidos por los principales medios de comunicación italianos.

El arzobispo de Viena se reunió con un grupo de periodistas el pasado 28 de abril y comentó algunas declaraciones que había hecho exactamente un mes antes, cuando dijo que el “ala diplomática de la Curia Romana” había impedido al entonces cardenal Ratzinger investigar al cardenal Hans Hermann Groer, arzobispo de Viena, que en 1995 fue acusado de abusos sexuales (que se remontan a muchos años antes de su nombramiento episcopal) por parte de algunos ex seminaristas.

Schoenborn, que en marzo no había revelado nombres, en esta ocasión mencionó al cardenal Angelo Sodano, de 83 años, a quien criticó -en el mensaje de solidaridad al Papa, el Domingo de Pascua de este año- sobre todo por haber definido “chiacchiericcio” (parloteo), las noticias concernientes a los escándalos de abusos por parte del clero.

Es más, el arzobispo de Viena afirmó que fue precisamente Sodano quien impidió que se crease una comisión encargada de investigar las acusaciones a Groer, como deseaba en cambio el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Las palabras de Schoenborn fueron recogidas por los periódicos austriacos el pasado 29 de abril, sin embargo fuera del país se dieron cuenta pocos. El hecho de que la agencia de noticias católica austriaca Kathpress las haya relanzado significa -según el vaticanista Tornielli- que el contenido de lo que dijo el purpurado el pasado 4 de mayo no ha sido manipulado; es cierto.

Es la primera vez que un cardenal acusa públicamente a otro colega; en este caso se trata nada más y nada menos que del decano del Colegio Cardenalicio, que fue secretario de Estado durante gran parte del pontificado de Juan Pablo II.

Según Tornielli, Schoenborn apunta directamente al principal colaborador del Papa polaco y “sus palabras arrojan una sombra inquietante en la Curia wojtyliana”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére