Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Los artistas deben ser anunciadores y testigos de esperanza

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El Papa ha renovado a los artistas la amistad de la Iglesia y les ha pedido que la promuevan y la sostengan para que sea auténtica, fecunda, adecuada a los tiempos y tenga en cuenta las situaciones y los cambios sociales y culturales.

En un escenario tan especial como la Capilla Sixtina, Benedicto XVI acogió el sábado pasado a 260 artistas de los distintos continentes, que representaban a las siguientes categorías: pintura y escultura; arquitectura; literatura y poesía; música y canto; cine, teatro, danza y fotografía. Entre ellos se encontraban el arquitecto español Santiago Calatrava y su compatriota, el escultor Venancio Blanco.

El evento, promovido por el Pontificio Consejo de la Cultura, tenía como fin conmemorar el décimo aniversario de la Carta de Juan Pablo II a los artistas (4 abril 1999) y 45 años desde el encuentro de Pablo VI con los artistas (7 mayo 1964).

Hablando del concepto de belleza que debe transmitir el arte, el Santo Padre destacó que ésta recuerda al ser humano su último destino; su búsqueda no consiste “en alguna fuga en lo irracional o en el mero esteticismo”.

El Papa lamentó que con mucha frecuencia, sin embargo, la belleza que se propaganda “es ilusoria y falaz, hipócrita, aviva el ansia de poder, de posesión, de dominio sobre los otros y se transforma, enseguida, en lo contrario, asumiendo el rostro de la obscenidad, la transgresión, y la provocación”.

Por este motivo, el pontífice hizo un llamamiento a la responsabilidad de los artistas a transmitir la belleza auténtica, que lleva al corazón humano “al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el Otro, hacia lo que va más allá de uno mismo”.

En un momento caracterizado por la crisis económica y por una debilitación de la esperanza y una desconfianza en las relaciones humanas, Benedicto XVI recordó a los artistas que eran custodios de la belleza y que gracias a sus talentos debían anunciar la esperanza y ser testigos de ella.

El Papa también hizo hincapié en que la fe no quita nada a su genio, al arte; al contrario, “los exalta y los nutre, los impulsa a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la última y definitiva meta, el sol sin ocaso que ilumina y embellece el presente”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére