Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Turquía permite celebrar misa en una Iglesia Armenia, pero no erigir una cruz en la cúpula

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De Turquía llega la noticia alentadora de que después de 95 años, se ha vuelto a celebrar misa en la Iglesia de la Santa Cruz, en la isla de Akhtamar, al este de Turquía, cerca de la frontera con Armenia.

Según la agencia “asianews”, el vicario del patriarca armenio de Turquía, monseñor Aram Atesyan, describió el suceso, ocurrido el 20 de septiembre, como “un milagro”, aunque entre los armenios de la diáspora hay muchas voces críticas. También agradeció a las autoridades turcas el haber restaurado el edificio y autorizado la celebración.

Construida hace más de mil años, la Iglesia de la Santa Cruz es una joya de arquitectura armenia, pero sobre todo es un símbolo fuerte para esta comunidad cristiana. Se ha levantado en un lugar en el que tuvo lugar lo que la comunidad armenia e internacional llaman un “genocidio”, una término rechazado por Turquía.

Unas 5.000 personas participaron en la celebración eucarística del pasado lunes. Sin embargo, excepto el representante del Patriarcado de Constantinopla, las autoridades religiosas armenias de otras naciones no estuvieron presentes, ya que –paradojas de la vida, las autoridades turcas no han dado el permiso para instalar la cruz en la cúpula de la iglesia dedicada a la Santa Cruz. Según la prensa turca, la decisión se debe a “razones técnicas”, pero obviamente, esta explicación no convence.

Según el arquitecto, la autorización de una ceremonia religiosa es un gran avance, y el debate sobre la cuestión de la cruz no debería empañar la importancia del evento y obstaculizar pasos pequeños pero cruciales hacia el diálogo y la reconciliación entre Armenia y Turquía.

La controversia parece no haber terminado. Para los armenios de la diáspora, la iglesia no puede considerarse totalmente restaurada hasta que se erija una cruz sobre la cúpula. Un grupo de armenios alzó cruces de madera durante la liturgia en señal de protesta.

Pero los armenios procedentes de Estambul y los muchos que no pudieron hacer el viaje desde Ankara aseguran que lo que cuenta es que se pudo celebrar la Eucaristía en ese lugar tan querido y sagrado. “Es un signo de gran esperanza. Es como poder salir de las catacumbas finalmente para manifestar nuestra fe sin vergüenza ni temor”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére