Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Los obispos del Reino Unido se esfuerzan por explicar la próxima visita del Papa

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Hace un par de días, el arzobispo Vincent Nichols, presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Inglaterra y Gales, presentó en Londres un opúsculo sobre la próxima visita de Benedicto XVI (16-19 de septiembre) al Reino Unido y en el que se explica el papel de la fe y de la Iglesia católica en la vida cotidiana.

Estos son los objetivos de “Heart speaks unto heart”, el pequeño volumen que se distribuirá en todas los parroquias de Inglaterra, Gales y Escocia este fin de semana para tratar de colmar las numerosas lagunas de buena parte de la opinión pública. Por ejemplo, responde a preguntas como: ¿Por qué el Papa se reunirá con la Reina?, ¿Qué tiene que decir el Papa acerca de nuestra sociedad?, ¿Cuál es la contribución de la Santa Sede al mundo y a la sociedad británica? ¿Qué nos tiene que decir el Papa sobre la protección de los menores? “Se trata de respuestas -según monseñor Nichols- que serán útiles para los que quieran entender un poco mejor estos días históricos”.

En la introducción se lee: “Es la primera vez que un Papa visita el Reino Unido invitado por la Reina y por eso es equivalente a una visita de Estado”. Si se hace un parangón con el viaje de Juan Pablo II en 1982, el de Benedicto XVI será diferente. El pontífice participará en encuentros ecuménicos e interreligiosos y presidirá la beatificación del cardenal John Henry Newman. Sin embargo, como invitado de Su Majestad, irá sobre todo para encontrar a toda la población del Reino Unido.

Es interesante e importante recordar que entre la Santa Sede y el Reino Unido existen relaciones diplomáticas en una variedad de formas desde 1479, pero el reconocimiento formal data del tiempo de la Primera Guerra Mundial. “El Gobierno británico y la Santa Sede han compartido muchas veces intereses comunes. Hoy, luchan juntos contra la pobreza, por la defensa del medio ambiente, por la promoción del desarrollo económico, así como por la eliminación de la deuda de los países pobres”.

También se lee en la introducción del opúsculo que “la fe cristiana ha calado en nuestra sociedad y cultura en estos últimos 2.000 años. No es posible, por tanto, entender lo que somos, de dónde venimos, sin un conocimiento de nuestra fe histórica. Nuestra fe vive en un gran número de fieles, que encuentran en ella el sentido último de su vida y de sus acciones. La tradición judeo-cristiana sigue siendo una fuente de valores de los que hoy tenemos una clara necesidad. Esta tradición tiene mucho que ofrecer al bien común”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére