Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Punto final a la polémica provocada por el cardenal de Viena

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El Papa se reunió ayer con el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y Presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, que había solicitado una audiencia especial para informar personalmente sobre la situación actual de la Iglesia en su país.

El purpurado austríaco, hombre de gran confianza de Benedicto XVI, ha causado en más de una ocasión cierta perplejidad en ambientes eclesiales por sus recientes declaraciones sobre algunos aspectos de la disciplina eclesiástica actual y también por algunas afirmaciones sobre la actitud de la Secretaría de Estado regida por el entonces Secretario de Estado del Papa Juan Pablo II.

Concretamente, en sus declaraciones a medios de comunicación austriacos -que dieron la vuelta al mundo en pocas horas- acusó al cardenal Angelo Sodano de “encubrir los supuestos delitos de abusos cometidos por su predecesor en la archidiócesis, Hans Hermann Groer”, reinante entre 1986 y 1995.

El Papa invitó en un segundo momento al encuentro a los cardenales Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio y Tarcisio Bertone, secretario de Estado, con quienes se aclararon y resolvieron los equívocos y las interpretaciones, por los que Schönborn manifestó su pesar.

En una nota de la Oficina de Prensa de la Santa Sede se recuerda que el único que tiene competencia para acusar a un cardenal es el pontífice, si bien los purpurado pueden asesorar, pero siempre con el debido respeto por las personas.

En el mensaje de solidaridad leído al Papa al inicio de la misa de Pascua, Schonbörn criticó al cardenal Sodano por haber definido “chiacchiericcio” (charloteo) las noticias sobre los escándalos de abusos de menores. Este término, según la nota oficial publicada ayer, empleado por el Papa en la misa del Domingo de Ramos, se refería a la “valentía” que no se deja intimidar por el parloteo de las opiniones dominantes.

Este caso es una muestra más de la valentía del Papa de querer cortar de raíz las malas hierbas, afrontando cara a cara con los interesados los problemas que pueden originar confusión o crear cierto malestar en ambientes eclesiales.

Por Alfonso Bailly-Bailliére