Jueves 08/12/2016. Actualizado 16:49h

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Crónica de Roma

El Papa señala los requisitos para que sea posible el diálogo entre las culturas

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Que a Benedicto XVI le interesa, y mucho, el destino de Europa lo ha demostrado muchas veces. Sabe bien lo que la Iglesia se juega con lo que sea de ese Viejo Continente. Por ello, siempre que puede lanzar mensajes dirigidos a corregir rumbos y a alentar cambios. Lo ha vuelto a hacer ahora en un foro muy cualificado: la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Y el mensaje ha sido muy claro.

Dirigiéndose a los parlamentarios, que asistieron a una audiencia especial con motivo del LX aniversario de la Convención Europea sobre los Derechos Humanos, Benedicto XVI subrayó la importancia de desarrollar la validez universal de estos derechos, así como su intangibilidad, inalienabilidad e indivisibilidad, teniendo en cuenta el marco actual en el que conviven diferentes pueblos y culturas.

El pontífice señaló que si los principios universales no los entienden de la misma manera todos los Estados miembros del Consejo de Europa y si los valores, derechos y deberes se basan exclusivamente en las culturas particulares y las decisiones legislativas o sentencias judiciales, es difícil establecer un diálogo fructífero entre las culturas.

Tras poner de relieve que la dignidad personal es la raíz de estos derechos y deberes, algo accesible a la razón humana, subrayó que la fe cristiana “no solo no impide, sino que favorece esta búsqueda, e invita a buscar una base sobrenatural para esta dignidad”.

El Santo Padre manifestó su convicción de que es necesario mantener estos principios, sobre todo cuando se trata de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer y la libertad de religión y educación, para responder adecuadamente a los desafíos decisivos y urgentes.

Por Alfonso Bailly-Bailliére