Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El Papa organiza un rosario vía satélite desde Roma a Johannesburgo

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Benedicto XVI ha convocado el sábado que viene a los universitarios romanos a rezar el Rosario por África y con África, en concomitancia con el Sínodo de obispos de ese continente que se inauguró el 4 de octubre.

El acto tendrá lugar en el Aula Pablo VI, donde se celebran las audiencias públicas de los miércoles. El rosario se rezará con jóvenes de varias ciudades africanas -El Cairo, Nairobi, Jartum, Antananarivo, Johannesburgo, Onitsha, Kinshasa, Maputo y Burkina Faso- en conexión vía satélite con Roma.

En los años anteriores, con motivo de las Jornadas Europeas de Universitarios, que se celebran en Roma normalmente en marzo, el Santo Padre presidió una vigilia de oración mariana con jóvenes de ateneos europeos, asiáticos y americanos.

El miércoles pasado, al final de la audiencia pública, invitó a todos los fieles a que recen el rosario en este tiempo. Concretamente pidió a los jóvenes y a los enfermos un rezo más asiduo de esta devoción mariana, siempre recomendada por los pontífices.

A los recién casados les sugirió que recuperen la costumbre de rezar el rosario juntos, para que constituya una cita cotidiana de la familia, que crecerá así, dijo, "gracias a la intercesión de María, en la unidad y en la fidelidad al Evangelio".

Sobre la práctica del rosario ha hablado Benedicto XVI en diferentes ocasiones. En mayo de 2008, en la basílica de Santa María Mayor, "el templo mariano por excelencia", hizo hincapié en que esta oración mariana no es una práctica piadosa relegada al pasado, como si se tratara de una oración de otros tiempos en la que pensar con nostalgia. "El Rosario -aseguró- vive una nueva primavera".

El Santo Padre dijo que cuando se reza con autenticidad y no de forma mecánica y superficial, sino profunda, el rosario aporta paz y reconciliación.

Frente a las situaciones difíciles y a los problemas cotidianos, que se agravan sobre todo por los ritmos frenéticos de la sociedad, puede ser una buena receta esta enseñanza del pontífice.

Por Alfonso Bailly-Bailliére