Viernes 02/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Crónica de Roma

El Papa hace pedadogía sobre las tumbas y las almas

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Benedicto XVI explicó durante el rezo dominical del Ángelus en la Plaza de San Pedro que en los cementerios se encuentran sólo los restos mortales de los difuntos, por lo que la mejor manera de recordarles "es rezar por ellos".

Con ocasión del 2 de noviembre, día en que la Iglesia tiene especialmente presentes a los fieles difuntos, el Papa invitó a conmemorar esta jornada "con un auténtico espíritu cristiano", teniendo en cuenta que en la tumba se hallan únicamente los restos del fallecido, y no el alma, que se separa del cuerpo en el instante mismo de la muerte y “espera la resurrección final". Mientras se encuentra en esa fase, "la manera más apropiada de recordarles es -dijo- rezar por ellos, ofreciendo actos de fe, de esperanza y caridad".

El Papa también recordó que hace 14 siglos el Panteón de Roma, uno de los más antiguos y conocidos monumentos romanos, fue destinado a culto cristiano y dedicado a la Virgen María y a todos los Mártires.

Su nombre significa santísimo, o bien, de los dioses. Fue construido alrededor del año 27 a.c. por Marco Agripa, yerno y uno de los amigos más cercanos de Cesar Augusto. Sin embargo, muy pocos historiadores reconocen que el edificio es suyo, aunque la inscripción en el frontón del Panteón lo acreditan como autor.

El primitivo edificio tenía forma rectangular y era de dimensiones estrechas, de acuerdo con los planos de la época. Con motivo del incendio, en el año 120, el entonces emperador Adriano decidió modificar la estructura del Panteón, añadiendo la parte correspondiente al recinto circular.

Durante las invasiones bárbaras, este edificio fue prácticamente respetado, manteniéndose exento de los muchos saqueos que asolaron la ciudad en el siglo IV. El Papa Bonifacio IV (608-615) convirtió este recinto en una iglesia dedicada a los mártires supuestamente ejecutados en su interior, convirtiéndose así en Santa María de los Mártires.

Por Alfonso Bailly-Bailliére