Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El Papa habló de lo que hay detrás de las figuritas del Belén

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Benedicto XVI instó a manifestar cariño y respeto a las personas ancianas y a las que sufren patologías graves. Durante la visita de ayer domingo al Hospicio Fundación Roma, donde residen enfermos de cáncer en fase terminal y con Alzheimer y Esclerosis Lateral Amiotrófica, el Papa pidió "gestos concretos de amor, de cercanía y de solidaridad cristiana" con ellos, así como consuelo y ayuda para afrontar el sufrimiento.

Tras lamentar que “la mentalidad prevalente de la eficiencia tiende a menudo a marginar a estas personas, considerándolas un peso y un problema para la sociedad", el Santo Padre señaló que quien tiene en consideración el sentido de la dignidad humana sabe hay que respetarlas y sostenerlas en sus dificultades y sufrimientos.

Benedicto XVI reconoció que la ciencia, a pesar de su progreso, aún hoy es incapaz de curar todas las enfermedades. En este contexto recordó que para calmar el sufrimiento se recurre cada vez con mayor frecuencia a los cuidados paliativos, y abogó por la existencia de estructuras sanitarias como el hospicio romano.

El Papa expresó su alegría por el hecho de que se conserve la tradición de poner el belén en las casas durante la Navidad, aunque advirtió de que este gesto no es suficiente, pues debe ir acompañado de una fidelidad diaria al amor de Cristo.

Durante el rezo del Ángelus de ayer, el Pontífice saludó de modo especial a las familias presentes en la Plaza de San Pedro para la bendición de las figuritas del Niño Jesús que después colocarán en sus pesebres.

Explicando la lección que se puede sacar del belén, el Santo Padre hizo hincapié en la necesidad de esforzarse por vivir en la realidad cotidiana lo que representa, es decir, “el amor de Cristo, su humildad y pobreza". Se trata, dijo, de una "escuela de vida" con la que se puede aprender la verdadera alegría, que no es consecuencia de tener muchas cosas, sino de sentirse amados por Dios, ser un don para los demás y quererse mucho.

Por Alfonso Bailly-Bailliére