Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El Papa pide esfuerzos de unidad a los católicos de China

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La Comisión que Benedicto XVI instituyó en 2007 para estudiar las cuestiones de mayor importancia relativas a la vida de la Iglesia católica en China, examinó el tema de la formación humana, intelectual, espiritual y pastoral de los seminaristas y de las personas consagradas y el de la formación permanente de los sacerdotes, con una particular atención en su espiritualidad.

Dada la complejidad que supone evangelizar una sociedad tan dinámica y articulada como la China, con las dificultades en el campo de la formación y las nuevas exigencias pastorales, hay que reconocer la gran responsabilidad de los obispos de la Iglesia católica en este país, como se subraya en el comunicado sobre la reunión celebrada en el Vaticano esta semana.

Los miembros de la Comisión trataron, a la luz de la Carta del Papa a los católicos chinos del 27 de mayo de 2007, de la cuestión espinosa de promover la unidad dentro de la Iglesia católica en China y de superar las dificultades en sus relaciones con la sociedad civil. Además se subrayó la necesidad de dar pasos concretos cuanto antes para incrementar y poner de manifiesto los lazos espirituales entre los pastores y los fieles.

Frente a los problemas que pueden generar desunión en las comunidades católicas, se manifestó el deseo de que todos los obispos en China se comprometan a favorecer el crecimiento de la unidad de la fe y de la vida de todos los católicos, evitando celebraciones sacramentales, ordenaciones episcopales, participación en reuniones que contradicen la comunión con el Papa.

Como en anteriores ocasiones, la Comisión expresó el deseo de que mediante un diálogo respetuoso y abierto entre la Santa Sede y las autoridades gubernamentales, se superen las dificultades actuales y se llegue así a un profundo entendimiento que redunde en beneficio de la comunidad católica y de la convivencia social.

Los participantes se unieron a todos los católicos en China en la oración constante para que los obispos y sacerdotes que, desde hace tanto tiempo, están privados de la libertad, puedan ejercer de nuevo, lo antes posible, su ministerio episcopal y sacerdotal en favor de los fieles, confiados a sus cuidados pastorales.

El Papa pidió que se asegure a todos los que se preparan al sacerdocio y a la vida consagrada una formación espiritual sólida, centrada en la amistad con Cristo y reafirmó el papel importante de los responsables de la formación, recordando que es una de las tareas prioritarias de los obispos.

Por Alfonso Bailly-Bailliére