Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El Papa aporta una clave para detectar la verdadera libertad religiosa

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Uno de los temas que más preocupan al Papa es el de la libertad religiosa como condición para que se instaure la paz en aquellos lugares en los que no se respeta porque la dignidad humana ha perdido todo su valor.

Después de haber reflexionado en los años precedentes sobre la verdad, la dignidad de la persona humana, la unidad de la familia humana, el combate contra la pobreza y la custodia de la creación, el Papa afronta en el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011, que tradicionalmente se celebra el 1 de enero, el tema de la libertad religiosa como vía para la paz.

El Santo Padre conoce de sobra las situaciones y los lugares en los que la libertad para manifestar públicamente la religión sigue siendo limitado o negado. Y esto, no solo en países de minoría cristiana, llegando incluso a la persecución y a la violencia, sino también en naciones mayoritariamente cristianas y católicas que sufren formas más sofisticadas de discriminación y marginación, en el plano cultural y de participación en la vida pública civil y política. Además, se ponen trabas a la Iglesia para ejercer este derecho fundamental, cayendo en el relativismo de considerar todas las creencias iguales.

En el mensaje de 2011, Benedicto XVI recuerda que la libertad religiosa es real cuando es coherente con la búsqueda de la verdad y con la verdad del ser humano. Esto permite excluir la “religiosidad” del fundamentalismo, de la manipulación de la verdad, de modo que todo lo que se opone a la dignidad humana se opone a la búsqueda de la verdad, y no puede ser considerado libertad religiosa.

Reflexionando sobre los derechos asociados con la religión, el pontífice subraya que necesitan protección, sobre todo cuando entran en conflicto con la “ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva”.

El Papa desea hacer hincapié una vez más en que el ser humano no puede ser dividido por aquello que cree, porque tiene un impacto sobre su vida y sobre su persona. Y subraya que negarse a reconocer la contribución de la religión a la sociedad desemboca en un planteamiento individualista y fragmenta la unidad de la persona.

Por Alfonso Bailly-Bailliére