Miércoles 07/12/2016. Actualizado 16:49h

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Crónica de Roma

El Papa reclama el derecho a la libertad de expresión de la Iglesia

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La Iglesia, en cuanto institución, tiene derecho a expresarse en público porque la libertad de expresión es un derecho fundamental. Benedicto XVI recordó este principio en su discurso al nuevo embajador de Bélgica ante la Santa Sede, que presentó sus cartas credenciales el sábado pasado.

El Santo Padre no hizo sino recordar que del mismo modo que la Iglesia respeta la libertad de todos de pensar de manera distinta a como piensa ella, también le gustaría que se respetase su derecho a expresarse.

Además de ser “depositaria de una enseñanza, de un mensaje religioso que ha recibido de Jesucristo”, la Iglesia, recordó el Papa, tiene como fin el bien común, y no anhela sino la “libertad de poder proponer este mensaje, sin imponerlo a nadie, respetando la libertad de las conciencias”.

Dirigiéndose a principios de este año a los obispos de Inglaterra y Gales, el Papa les alentó a no ceder en su derecho a participar en el debate nacional, respetando a los otros miembros de la sociedad. Haciendo así, aseguró, “además de mantener las antiguas tradiciones británicas de libertad de expresión y de un honrado intercambio de opiniones, dais voz a las convicciones de numerosas personas que no cuentan con los medios para expresarlas”.

Benedicto XVI destacó la vocación europea de Bélgica -actualmente se halla en crisis debido a la renuncia del primer ministro- donde tienen su sede las instituciones comunitarias y el primer Presidente del Consejo Europeo es el belga Herman Van Rompuy.

Hablando del “arte consenso” que sobre todo se pone de manifiesto en los escenarios políticos, el Pontífice señaló que “no se puede reducir a una habilidad puramente dialéctica”, como sucede con gobiernos que quieren impedir cambios o que tratan de imponer su ideología o sus valores personales, silenciando los de los otros.

El Papa subrayó que si el consenso no busca la verdad y el bien no puede haber responsabilidad social, y “la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére