Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

L'Aquila comienza a resurgir

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Hoy hace un año la tierra tembló con gran fuerza en L'Aquila, la capital de la región central italiana de los Abruzos, causando la muerte de más de 300 personas.

A pesar del esfuerzo de la protección civil italiana en las labores de limpieza de escombros y reconstrucción de edificios artísticos y hogares tanto en L'Aquila, como en varios pueblos cercanos, todavía queda mucho por hacer para que los habitantes consigan volver a la normalidad.

El verano pasado miles de voluntarios de toda Italia, entre ellos muchos universitarios, renunciaron a las vacaciones de verano y organizaron actividades en aquella zona, especialmente dirigidas a niños y ancianos, incluidas sesiones de formación cultural y cristiana.

En recuerdo del seismo, que se sintió también en el centro de Italia, hoy está prevista una ofrenda floral por las víctimas y un consejo municipal extraordinario, además de una marcha con antorchas y una misa celebrada por el arzobispo de la ciudad.

Benedicto XVI quiso manifestar su cercanía a los afectados por el terremoto enviando a su secretario personal al funeral por el eterno descanso de los fallecidos. Pocas semanas más tarde, el Papa visitó la basílica de Collemaggio, uno de los templos más afectados por el seísmo, y la Casa del Estudiante, bajo cuyos escombros murieron sepultados ocho jóvenes. Además de reunirse con los compañeros de los chicos y chicas fallecidos, se acercó a la pedanía de Coppito, donde se reunió con el alcalde de L'Aquila, el arzobispo, los párrocos de los pueblos de alrededor y el personal de protección civil, militares, bomberos y vecinos.

Tras reunirse con los damnificados y rezar por las víctimas, Benedicto XVI aseguró que transmitía su solidaridad a una “tierra espléndida y herida, que está viviendo días de gran dolor y precariedad”, y aseguró que la Iglesia estaba toda allí presente, con él a la cabeza, partícipando del dolor y deseosa de ayudarles a reconstruir casas, iglesias, empresas destruidas o gravemente dañadas.

 

Por Alfonso Bailly-Bailliére