Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:15h

·Publicidad·

Crónica de Roma

Una estatua de Juan Pablo II en el Policlínico Gemelli de Roma

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Mañana 30 de junio, por la tarde, se inaugura en el patio del Policlínico Universitario “Agostino Gemelli” de Roma una estatua en recuerdo del Papa Juan Pablo II.

La gran escultura, dedicada por la Universidad Católica del Sagrado Corazón a la memoria de Karol Wojtyla, será bendecida por quien fue secretario particular del pontífice y actualmente es arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislaw Dziwisz.

La estatua lleva por título la célebre expresión pronunciada por Juan Pablo II el 22 de octubre de 1978, durante la homilía de la Misa inaugural del pontificado: "¡No tengáis miedo!", y es obra del escultor toscano Stefano Pierotti. Será colocada en el patio contiguo a la entrada principal del hospital, al que el Papa tuvo que ingresar en nueve ocasiones a lo largo de los casi veintisiete años de pontificado. La primera vez fue el 13 de mayo de 1981 a raíz del atentado en la Plaza de San Pedro, que estuvo a punto de costarle la vida, y la última vez un mes antes de fallecer, en marzo de 2005. En esta ocasión no fue capaz de pronunciar palabra y se limitó a bendecir a las personas congregadas en el patio del hospital.

Juan Pablo II transcurría su convalecencia en una habitación de la décima planta del hospital y se asomaba para rezar el Angelus dominical y bendecir a los fieles. En una de aquellas ocasiones, durante su ingreso en 1996, definió el Policlínico Gemelli “el Vaticano III”, como "casa" del Papa, junto con los Palacios Apostólicos Vaticano y de Castelgandolfo.

Después de visitar al Papa polaco en el “Gemelli” pocas semanas antes de que muriera, el entonces cardenal Joseph Ratzinger aseguraba que a través de su sufrimiento, Juan Pablo II había comunicado muchas cosas: “que es una fase en el camino de la vida y después, que participa en la pasión de Jesucristo, enseñándonos lo fructuoso que puede ser cuando lo compartimos con el Señor y lo vivimos junto con todos aquellos que sufren en el mundo. De este modo -dijo- el sufrimiento asume un gran valor y puede ser positivo. Cuando observamos la vida del Papa vemos que este dolor es un mensaje importante, especialmente en un mundo que tiende a esconder o eliminar el dolor".

Por Alfonso Bailly-Bailliére