Martes 19/09/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Fallece a los 91 años el decano de los vaticanistas, gran amigo de Ratzinger

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El pasado miércoles, 20 de abril, falleció el decano de los vaticanistas. Tenía 91 años y se llamaba Arcangelo Paglialunga. Era un gran profesional, que siguió de cerca cinco pontificados, de Juan XXIII a Benedicto XVI.

Don Arcangelo -aunque no era sacerdote le trataba de usted dada su longevidad- murió repentinamente tras haber sufrido un ictus mientras caminaba por las calles de Roma. Recordarlo ahora es un deber, sobre todo porque era una persona de una sola pieza, íntegra, que a través de su trabajo realizó un fiel servicio a los demás.

Fue uno de los primeros que obtuvo la acreditación de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Todos los días llegaba muy temprano a su cubículo de Via della Conciliazione, a dos pasos de la Plaza de San Pedro y enseguida se ponía a escribir con su máquina, una antigua Olivetti, que le avisaba con un “clin” cuando terminaba una página y debía meter la siguiente.

Después de redactar sus artículos los corregía a pluma, tachando los errores y agregando anotaciones. A continuación pedía a alguno de los empleados de la oficina de prensa que le enviaran el escrito por fax a la redacción. Trabajó para periódicos como el ‘Gazzettino di Venezia’, el ‘Giornale del Mattino di Firenze’, la ‘Gazzetta del Mezzogiorno’ y el ‘Mattino di Napoli’.

Últimamente venía a la Oficina de Prensa de la Santa Sede un par de días a la semana. Llegaba despacito, apoyado en su bastón y pedía ayuda para subir y bajar las escaleras. Aunque ya no escribía como antes, sin embargo no quería abandonar del todo la profesión que tanto amaba. Estaba al tanto de las últimas noticias sobre la actividad del Papa.

Recuerdo que desde hace un año cada vez que nos saludábamos me pedía oraciones por su esposa, que se encontraba hospitalizada en una ciudad del norte de Italia. A veces se le saltaba alguna lágrima al pensar que no podía verla cada día.

Paglialunga conocía bien a Ratzinger. Muchas mañanas se encontraba con el cardenal cuando cruzaba la plaza de San Pedro para dirigirse a la Congregación para la Doctrina de la Fe, y aprovechaba para intercambiar impresiones con él.

Benedicto XVI lamentó el fallecimiento del periodista y transmitió su pésame a los familiares del decano de los vaticanistas, recordando su “fidelidad a Cristo, su amor a la Iglesia y su generoso servicio a la Santa Sede”.

 

Alfonso Bailly-Bailliére

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