Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Doctrina de la Fe trabaja sobre la Ley Natural

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La ley natural, tan desprestigiada e ignorada en nuestros días, es objeto de un documento vaticano. La Comisión Teológica Internacional, que ayuda a la Santa Sede y especialmente a la Congregación para la Doctrina de la Fe a examinar cuestiones doctrinales de mayor importancia, acaba de publicar el documento: "En búsqueda de una ética universal: nueva visión sobre la ley natural".

Los 30 teólogos de diferentes países que forman la comisión, han destacado la necesidad de un consenso sobre los valores éticos objetivos y universales que hay que promover para evitar los altibajos de la opinión y la manipulación de los gobiernos.

Estos valores pueden garantizar a los derechos humanos una base más sólida que el frágil positivismo jurídico tan en boga en los ordenamientos de muchos países, sobre todo europeos.

El documento sugiere que la ley natural como fundamento de la ética sigue siendo válida, en una cultura que considera al individuo el referente último, que crea sus propios valores y actúa al margen de normas éticas objetivas, sirviendo a una ideología impuesta poco preocupada por la dignidad humana.

El objetivo de la Comisión Teológica Internacional es contribuir de este modo al debate actual sobre la búsqueda de la ética universal, y combatir la creciente separación entre el orden ético, por una parte, y el orden económico, social, jurídico y político por otra parte. Concretamente denuncian que estos ámbitos de la actividad humana tratan de desarrollarse sin referencias normativas a un bien moral, objetivo y universal.

El nuevo documento vaticano se inspira en la doctrina de la ley natural elaborada por Santo Tomás de Aquino, e incorpora elementos nuevos. En diferentes ocasiones, el Papa Benedicto XVI ha presentado la ley natural como respuesta al relativismo ético dominante y garante de la dignidad inalienable de la persona.

Lo que está en juego es, por encima de todo, el reconocimiento y el respeto de la dignidad humana siempre y en todas partes.

Por Alfonso Bailly-Bailliére (Roma)