Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Consejos de Benedicto XVI a los gobernantes, sobre todo a quienes leen el Evangelio

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La figura de Alcide De Gasperi (1881-1954), uno de los “padres” de Europa y católico consecuente, mereció un especial elogio por parte de Benedicto XVI durante un encuentro con los miembros del Consejo de la Fundación que lleva el nombre del político italiano. Y el Papa aprovechó para dar consejos a los gobernantes, sobre todo a quienes creen en el Evangelio.

Además de la hija, María Romana, estaba presente en la audiencia el senador Giulio Andreotti, que durante mucho tiempo fue colaborador de De Gasperi.

El Papa quiso destacar la figura de esta gran personalidad política, que en momentos históricos de profundos cambios sociales en Italia y en Europa “supo prodigarse eficazmente por el bien común”. Además recordó el empeño social y espiritual y la coherencia con su fe y con los valores cristianos.

Tras poner de relieve la agudeza con que guió la reconstrucción de la Italia salida del fascismo y de la segunda guerra mundial, destacó su defensa de la libertad y la democracia y la promoción del restablecimiento económico, abriéndose a la colaboración de todas las personas de buena voluntad.

Trazando otros aspectos de su espiritualidad, el Papa subrayó la reconocida rectitud moral de De Gasperi, basada en una intachable fidelidad a los valores humanos y cristianos, así como la serena conciencia moral que le guió en las decisiones políticas.

Por todos estos motivos, Benedicto XVI no dudó en estimular a los gobernantes de los pueblos, en especial a quienes se inspiran en el Evangelio, a aprender de la experiencia de gobierno de este estadista de fama internacional, y a imitar su testimonio cristiano.

¡Ojalá nuestros gobernantes se convencieran de que la verdadera democracia exige servir al bien común, o lo que es lo mismo, el bien de todos y cada uno de los ciudadanos, también de los que tienen el derecho a ver la luz de la vida, siendo coherentes con los principios y valores cristianos!

 

Por Alfonso Bailly-Bailliére (Roma)