Miércoles 07/12/2016. Actualizado 16:49h

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Crónica de Roma

China, en el corazón del Papa

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La Comisión que Benedicto XVI instituyó en 2007 para estudiar las cuestiones de mayor importancia relativas a la vida de la Iglesia católica en China se reúne estos días en el Vaticano. De ella forman parte los superiores de los dicasterios de la Curia Romana, que son competentes en la materia, y algunos representantes del episcopado chino y de congregaciones religiosas.

Como se recordará, la primera reunión plenaria tuvo lugar en marzo de 2008, y estuvo centrada en la carta del Papa a los católicos chinos del 27 de mayo de 2007. El objetivo del documento era ofrecer algunas orientaciones sobre la vida de la Iglesia y la obra de la evangelización en China, para ayudar a los católicos a descubrir lo que Dios quiere de cada uno.

En la carta, el Santo Padre manifestaba su vivo reconocimiento a Dios por el testimonio de fidelidad de la comunidad católica de China en circunstancias tan difíciles y aseguraba que tenía el deber irrenunciable de confirmar en la fe a los católicos chinos y de favorecer su unidad con los medios propios de la Iglesia.

El pontífice también afirmaba que era consciente de que la normalización de las relaciones de la Santa Sede con la República Popular China exigirá tiempo y presupone la buena voluntad de ambas partes.

Durante las sesiones de la Comisión en 2008 se examinó la acogida que tuvo el documento pontificio dentro y fuera de China y se reflexionó sobre los principios teológicos inspiradores de la carta y su aplicación para la comunidad católica en China.

En la segunda reunión plenaria, celebrada justo un año después, se afrontó el tema de la formación humana, intelectual, espiritual y pastoral de los seminaristas y de las personas consagradas, además de la cuestión de la formación permanente de los sacerdotes.

En la actual reunión plenaria se continuará profundizando en el tema de la formación, para que los sacerdotes y consagrados encarnen el Evangelio y den testimonio de él frente a los desafíos sociales y culturales que afronta la sociedad.

Por Alfonso Bailly-Bailliére