Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

China y el Vaticano comienzan a ponerse de acuerdo

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Por una vez, ambas partes aceptaron el nombramiento como obispo de Joseph Chen Gong'ao.

El pasado 19 de abril seis obispos ordenaron a Joseph Chen Gong'ao como nuevo obispo de la diócesis de Nanchong, una ciudad en el suroeste de China. En cualquier otro país una ordenación pasaría desapercibida, pero en China no.

La situación para los católicos en ese país es altamente delicada. Desde la perspectiva europea pensar que los católicos deben esconderse para profesar su fe es casi impensable. Sin embargo en muchos países del mundo es así. Y el caso de China va más allá porque el gobierno comunista quiere controlar los movimientos de la Iglesia. No la deja operar en libertad y quiere controlar a quienes la dirigen en su país. Quieren que la iglesia secunde lo que el gobierno considere oportuno, para ello crearon la Iglesia nacional china en la que están, por así decirlo, los títeres del gobierno. Sin embargo el Vaticano no quiere pasar aceptar este control. No quiere subyugarse a ningún poder que no sea el del Papa y así lleva luchando años en la clandestinidad, para mantenerse fiel al verdadero y legítimo sucesor de Pedro y a su magisterio.

Por eso, el recién nombrado obispo Chen Gong'ao ocupa un cargo histórico. Tanto el Vaticano como el gobierno chino no sólo vieron con buenos ojos sino que aceptaron su nombramiento.

Cinco de los obispos que participaron en esta ceremonia histórica son fieles a la Iglesia católica, mientras que uno de ellos fue excomulgado por participar en otras ordenaciones sin el consentimiento del Papa. Sin embargo la ordenación como obispo de Chen Gong'ao fue multitudinaria, la catedral del Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de Nanchong estaba abarrotada y es que la población católica china sabe lo que es sufrir la falta de libertad religiosa en carne propia, y ve en esta ordenación un discreto pero decisivo paso adelante en el camino hacia la normalización de las relaciones entre el Vaticano y la República Popular China.

Un camino, que con el tiempo puede acabar en la libertad de religión y la libertad de culto. A lo que se llegará no sin esfuerzo y sin lucha pacífica y paciente por parte de los cristianos católicos de China.

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