Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

La Capilla privada de los Papas

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Tras seis años de obras, la Capilla Paulina, que se encuentra en el primer piso del Palacio Apostólico Vaticano, cerca de la Capilla Sixtina, será inaugurada mañana 4 de julio, con unas vísperas solemnes presididas por Benedicto XVI.

Se trata de la Capilla privada de los Papas y de la familia pontificia; un lugar de culto (en ella se expone el Santísimo Sacramento). Contiene las últimas obras maestras de Miguel Ángel, pintadas entre 1542 y 1550: la crucifixión de Pedro y la Conversión de Saulo.

Las labores de restauración comenzaron en 2004, a petición de Juan Pablo II y su fin ha coincidido con la clausura del Año Paulino. El Laboratorio de Restauración de Pinturas de los Museos Vaticanos ha tenido que afrontar una labor muy exigente, no sólo por la extensión de la superficie, sino también por la complejidad de los problemas desde el punto de vista técnico.

El director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, manifestó que se ha quitado la "oscura camisa de suciedad" que cubría la capilla, se han reavivado los colores alterados por el paso de los años y se le ha devuelto la gama cromática clara y luminosa que la caracterizaba en su origen.

Una nueva instalación eléctrica, con lámparas de luz blancas, resaltará las obras que encierran sus paredes, evitando sombras y cambios de color.

La Capilla recibió el nombre de Paulina porque la mandó construir el Papa Pablo III -Alessandro Farnese- (1534-1549), y la encargó al arquitecto Antonio Sangallo.

Además de las obras maestras de Miguel Ángel, esta capilla cuenta con otras perlas de la historia del arte que representan algunos pasajes de los Hechos de los Apóstoles. Entre ellas figuran tres obras de Lorenzo Sabbatini (1530-1576): “La lapidación de San Esteban", "El Bautismo de San Pablo en casa de Ananía" y "La Caída de Simón el Mago".

En el techo de la capilla hay además algunos frescos de Federico Zuccari (1542-1609), en los que se relatan los episodios más relevantes de la vida de San Pedro y San Pablo.

Por Alfonso Bailly-Bailliére