Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

La Biblioteca Apostólica Vaticana se podrá consultar por internet

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La Biblioteca Apostólica Vaticano ha comenzado la digitalización de sus 80.000 manuscritos. Por primera vez serán fotografiados y conservados y tanto los estudiosos como los que prestan sus servicios en la biblioteca, podrán usar las fotografías para su trabajo.

Este proyecto, según el prefecto de este organismo, el obispo Cesare Pasini, durará diez años debido a su complejidad y a lo delicados que son esos libros. Se digitalizarán 40 millones de páginas, todas en alta definición. La ventaja es que se podrá acceder a los manuscritos por internet.

La Biblioteca Apostólica Vaticana, una de las más antiguas del mundo, fue fundada oficialmente por el Papa Sixto IV en 1475. Alberga, entre otros, 1,6 millones de libros antiguos y modernos, 8.300 incunables y más de 150.000 manuscritos y documentos de archivos, sin contar 100.000 documentos impresos y fragmentos, 300.000 monedas y medallas y 20.000 objetos de arte.

La biblioteca conserva preciosos tesoros como el “Codex vaticanus”, un manuscrito de la Biblia completa en griego escrito hace 1.700 años, o la “Topografia cristiana”, diseñada por Cosma Indicopleuste –pseudónimo de Constantino de Antioquía-, en 518, primer geógrafo cristiano, que describía la tierra perfectamente plana y unida al cielo por sus bordes.

Cerrada desde de julio de 2007 por obras de restauración, la biblioteca reabrirá sus puertas este año, según anunció su prefecto, monseñor Pasini. Con motivo de la reapertura está prevista la publicación de un primer volumen de la Historia de la Biblioteca Apostólica Vaticana, accesible a todas las personas interesadas en ella y se organizará un congreso en el que los investigadores explicarán lo que han hecho en los últimos 50 o 60 años y se hablará de qué vive y qué hace la biblioteca.

En los dos últimos años, la biblioteca vaticana ha realizado varios servicios a pesar de su cierre: el catálogo en línea en internet y la reproducción fotográfica de los manuscritos.

 

Por Alfonso Bailly-Bailliére