Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Benedicto XVI bromea con su pequeño percance

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El Papa hizo una excepción en sus breves vacaciones en el Valle de Aosta, donde se encuentra desde el pasado 13 de julio, para visitar el domingo Romano Canavese, la pequeña ciudad del Piamonte, en la que nació el cardenal Tarcisio Bertone, su primer colaborador.

A pesar de la incomodidad de tener que desplazarse en helicóptero con el brazo derecho enyesado debido a la fractura de la muñeca de la que fue operado el pasado viernes, Benedicto XVI no quiso renunciar al compromiso de visitar la ciudad nativa del secretario de Estado.

“¡Como veis, a causa de un percance, estoy un poco limitado en mi agilidad, pero la presencia del corazón es plena, y estoy entre vosotros con gran alegría!”, dijo el Papa con tono alegre y simpático ante las miles de personas que le escuchaban en la plaza que se encuentra frente a la iglesia parroquial.

Benedicto XVI dio las gracias a continuación a todos los que le han manifestado su afecto y su cercanía tras la caida nocturna en el chalé de Les Combes, y se dirigió sobre todo a los médicos “que me han tratado -dijo- con competencia y amistad. Y como veis, con éxito - ¡esperamos! - final”, añadió bromeando entre las risas y los aplausos de los fieles.

En el discurso que precedió al rezo del Angelus, el Santo Padre recordo a las numerosas familias que atraviesan dificultades económicas a causa de la falta de empleo, a quienes insto a no desanimarse, porque “la Providencia -aseguro- ayuda siempre al que obra el bien y se compromete por la justicia”.

Antes de regresar a Les Combes, el Papa almorzó en la casa de los Bertone. Sentados en la mesa estaban ademàs del hermano y de la hermana del cardenal, algunos parientes. Benedicto XVI comió con la mano izquierda -la mano buena- y bebio su acostumbrana naranjada.

Posteriormente se hicieron fotos en el patio de la casa con la familia al completo, en total unas cincuenta personas, incluidos nietos y biznietos. Al Santo Padre le regalaron un ordenador portátil, con la idea de que se le pueda instalar un programa con comandos vocales para que pueda trabajar en la preparacion de la segunda parte del libro “Jesus de Nazaret”. Lo que se antoja, sin embargo, imposible es que pueda tocar el piano que le han instalado en el chale de Les Combes. Tendra que esperar a otra ocasión.

Por Alfonso Bailly-Bailliére