Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

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Católicos

Reacciones de los obispos a la decisión del Papa

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Mensaje del presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Antonio María Rouco Varela

Después de haber conocido esta misma mañana la renuncia de Su Santidad el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino, me apresuro a expresar al Santo Padre, en nombre propio, y de todos los obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española, nuestra más profunda gratitud por el impagable servicio prestado a la Santa Iglesia en estos intensos años de pontificado.

Estamos afectados y como huérfanos por esta decisión que nos llena de pena, pues nos sentíamos seguros e iluminados por su riquísimo magisterio y por su cercanía paternal. Al mismo tiempo, acogemos la voluntad del Santo Padre con reverencia filial. Estamos seguros de que el Señor bendecirá el costoso paso que él acaba de dar con gracias abundantes para el nuevo Papa y para toda la Iglesia.

Pedimos a todos los fieles que encomienden al Señor la persona tan querida del Papa Benedicto XVI, que le consuele y dé fuerzas para seguir sirviendo a la Iglesia de un modo nuevo mientras la Providencia disponga. Pedimos también oraciones para que el proceso de elección del Sumo Pontífice que se abrirá a partir del próximo día 28 sea guiado e iluminado por la fuerza del Espíritu Santo. Todo, en la confianza cierta de que el Señor está siempre con su Iglesia.

Artículo de Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz

¿Un signo de libertad? El Papa Benedicto XVI renuncia al Sumo PontificadoLa libertad auténtica no va unida al instinto, al interés, o a la comodidad. Va unida a la verdad. La Verdad es el crisol del bien. Nadie es bueno sino el Padre que está en el Cielo. Y Dios se ha manifestado en Jesucristo diciendo: "Yo soy el camino la verdad y la vida". Por tanto, la libertad verdadera es la que decide en favor del bien. Esto supone la opción por la voluntad de Dios que estamos llamados a seguir en coherencia con nuestra identidad más profunda y esencial; somos imagen y semejanza de Dios. Si de Dios venimos porque Él nos ha creado, y a Él vamos porque nos llama a gozar eternamente de su presencia, debemos caminar por donde Él nos ha señalado.Ese camino, que es el de la plenitud y la salvación, ha de ser el camino de la Verdad.

Jesucristo nos dice en el Evangelio que la verdad nos hará libres. Si aplicamos esta reflexión al acontecimiento que ha sorprendido al mundo entero, y que es el anuncio del Papa al comunicar la fecha de su renuncia al ministerio que la Iglesia le encomendó a través del Colegio Cardenalicio, podemos hacernos una o varias preguntas. Una de ellas, quizá la más espontánea, podría ser ésta: ¿Quién o qué le ha obligado a renunciar al ministerio papal.

Si nos lo planteáramos así, reduciríamos tan significativa decisión, tomada por una persona universalmente reconocida como altamente inteligente y muy buena, a un simple acto de resignación, o quizás al sometimiento irremediable bajo el peso de una circunstancia superior al uso de su auténtica libertad.

La aclaración a estas cavilaciones, indudablemente desacertadas, está en las palabras con que el Papa ha comunicado su decisión: "siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales". Es un motivo de gozo constatar que, con toda naturalidad y lejos de cualquier presión intraeclesial o llegada de la sociedad, el Papa toma, con plena libertad, una decisión de semejante trascendencia.

No cabe duda de que el hecho de haber examinado ante Dios reiteradamente su conciencia, según el mismo Papa nos dice, le ha llevado a decidir con auténtica libertad y, por tanto, con riguroso fundamento en la verdad. Esto es un motivo de gran satisfacción sobre todo en un mundo y en un momento en que abundan discursos, acciones, declaraciones y proyectos que anuncian un camino de libertad cuyo recorrido es la mutilación de la verdad, la claudicación ante los instintos y la búsqueda de intereses personales o partidistas.

Por otra parte, la decisión del Papa al asumir un ministerio legítimamente encomendado y recibido, abre una ventana de luz que permite conocer la verdadera realidad de la Iglesia y el auténtico sentido de la más honesta libertad. No quisiera que estas líneas sembraran la más leve sospecha acerca de una supuesta satisfacción por la retirada del Papa Benedicto XVI, sobre quien tantos juicios y calificaciones contradictorias han ido recayendo. Creo, y siento la necesidad de expresar que, sin comparaciones con ningún otro Papa, Benedicto XVI ha sido el hombre de Dios que ha señalado a la Iglesia caminos de libertad lejos de cualquier interés personal o institucional.

Doy gracias a Dios porque nos regala preciosas lecciones de libertad coherente con la verdad y ejercida en el amor. Buen servicio éste en un momento en que el mundo se siente maltratado por corrientes, decisiones y promesas que, a poco que se las analice, se muestran lejanas a la verdad y que no pueden ofrecer a los hombres y mujeres la auténtica libertad. Se limitan a prometerla, y en esa misma medida colaboran La Verdad de Dios hace libre al hombre. El Papa, con sinceridad y seria reflexión, ha tomado sus decisiones de acuerdo con la Verdad de Dios y ofreciendo, por ello, un ejemplo de libertad para quienes quieran entenderlo.

Comunicado del cardenal arzobispo de Barcelona

El Santo Padre Benedicto XVI en el Consistorio de esta mañana ha anunciado una decisión muy importante que ha tomado después de haberla examinado repetidamente en su conciencia: la de renunciar al ministerio de Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, de lo que el próximo 28 de este mes de febrero la Sede de San Pedro quedará vacante y se deberá convocar al Cónclave para la elección de un nuevo Papa. El Santo Padre ha manifestado también que ha tomado esta decisión debido a su edad avanzada y considerando que no dispone de las fuerzas adecuadas para ejercer el Ministerio Petrino.

Esta decisión que ha hecho pública hoy el Papa es coherente con alguna manifestación que ya había hecho en el sentido de que si consideraba más adelante que no podía realizar debidamente su Ministerio Petrino, renunciaría. Considero que esta decisión pone de relieve la profunda espiritualidad del Santo Padre, la lucidez con que ha tomado esta determinación y su gran amor a la Iglesia a la que ha querido servir siempre con la máxima entrega en los diversos ministerios que el Señor le ha confiado.

Todos recordamos con mucha satisfacción la visita pastoral del Santo Padre Benedicto XVI a Barcelona con motivo de la dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia y la visita a la Obra del Niño Dios. Esta visita dejó al Santo Padre y a todos nosotros un recuerdo inolvidable. Pido a todos los fieles expresar con nuestro afecto y nuestra oración la comunión eclesial con el Papa Benedicto XVI, Sucesor de San Pedro.

Comunicado de prensa de monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada

"La primera actitud de los cristianos ante la noticia de la renuncia del Santo Padre es una acción de gracias inmensa por su vida, gastada, con una generosidad heroica, al servicio del Señor y de su Iglesia.

La misma declaración en la que comunica la renuncia es un gesto supremo de libertad, de humildad y de donación.

Por lo que respecta al tiempo que ahora se abre, es para los fieles un tiempo de oración intensa y de confianza plena en el Señor de la Iglesia, en Jesucristo vivo y resucitado, y en el Espíritu Santo, que es su alma y quien la rige.

Es el momento de recordar la promesa del Señor: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Y por eso el futuro de la Iglesia está en sus manos (que son las mejores manos), y no depende de los cálculos y estrategias de los hombres, y ni siquiera de nuestras cualidades medidas con medidas humanas. Las voces del mundo alzarán ahora su guirigay habitual de cábalas y especulaciones, en claves políticas, que son las que entienden. Pero para los cristianos es momento de centrarnos en la oración, y de cuidar, suplicando la ayuda de Dios, la comunión, la esperanza y la fe".

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